Caminando a la re-ingeniería o al retorno a la “normalidad”?

Durante varias semanas llevamos conviviendo con una situación completamente diferente a cualquiera que hayan enfrentado las actuales generaciones y la humanidad, al menos en los últimos 75 años. También, llevamos semanas conversando que cuando regresemos a nuestra habitual cotidianidad las cosas no serán exactamente iguales porque muchas de nuestras costumbres y hábitos, incluso nuestra forma de ver de manera crítica ciertos temas, se habrá modificado en gran medida debido al cambio de perspectiva que ha generado el Covid-19.

Sin embargo, también es cierto que la expectativa creada alrededor de tan anunciado cambio viene asociado a una inmensa incertidumbre en muchos ámbitos y genera grandes inquietudes sobre los reales efectos posteriores, así como la prolongación de las consecuencias de la crisis.

En este nuevo escenario se presenta una gran paradoja por cuanto si bien muchos entendemos que las circunstancias en que estamos inmersos que se han dado como consecuencia de la pandemia mundial, reforzado por otros factores más, lo cual ha puesto en evidencia muchas falencias y faltas de diversa índole en que históricamente han venido incurriendo los gobiernos, la sociedad y la humanidad, algunas de dichas fallas venían siendo y pasando inadvertidas hasta para los observadores más críticos y acuciosos, lo cual sin duda obliga a cambios radicales de muchas conductas y acciones de esa misma sociedad y los estados; sin embargo, dado que el impacto económico de los cambios que se esperan, sea al menos hoy muy difícil y complejo de dimensionar, por ello en este marco no es extraño encontrar una suerte de añoranza de al menos retornar a la “normalidad” y situación previa a la crisis, incluso a pesar de las reflexiones antes mencionadas, debido precisamente a la incertidumbre sobre lo que económicamente representa esta situación y el no poder retomar rápidamente el rumbo.

No obstante, cuando ya empieza a regularizarse la rutina empiezan a descubrirse nuevas oportunidades en diversos ámbitos, llegando a que incluso en cuestión de semanas aparecieran modelos de negocio, productos y servicios que hasta hace algunos meses o bien no existían o eran inimaginables. Es aquí donde la pregunta que surge es, si el sector de la infraestructura esta más próximo a una reingeniería o al retorno a la “normalidad”?

Si estamos dirigiéndonos hacia una re-ingeniería, dando con ello un espacio a estas nuevas oportunidades, así como espacio a nuevos procesos constructivos y materiales que puedan surgir, el compromiso debe ser transversal, comenzando por los Mandantes que otorguen flexibilidad y espacio en la normativa para los nuevos desarrollos, productos y servicios, mediante una real convicción por facilitar y aceptar la incorporación de aquellas innovaciones tecnológicas y cambios, que permitan además de enfrentar las consecuencias de la crisis, corregir también el rumbo en temas de falta de productividad y eficiencia, así como un desarrollo más sostenible y sustentable. La forzosa salida de la zona de confort para algunos significará un fuerte choque en lo económico pero también una oportunidad de reinvención y cambio de paradigmas, pero para ello se requiere que exista un esfuerzo colaborativo, conjunto y transversal de todos los actores para no naufragar.

Si por el contrario, estamos caminando solamente al retorno a la “normalidad”, con medidas de rescate de corto plazo y sin políticas robustas y serias, que al menos tomen como punto de partida la retroalimentación resultante sobre lo acontecido, en especial en todos aquellos temas y asuntos que se insiste quedaron expuestos como consecuencia de la presente crisis, no solamente no habremos aprendido nada sino que quizás no aprovecharemos este punto de inflexión que puede dar lugar a un salto positivo para el país, las empresas y las personas vinculadas a los sectores de la ingeniería, la construcción y la infraestructura.

Por ello es importante, para evitar en solo quedarnos en el plano de la “normalidad”, es preciso legislar y tomar decisiones ejecutivas para superar la crisis pensando en soluciones sostenibles e invirtiendo en el desarrollo de infraestructura, sabiendo que cuando se le inyectan recursos y se dinamiza su ejecución, en cualquier contexto siempre es un motor efectivo para apalancar grandes cambios y por supuesto superar momentos difíciles.

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